Soy estudiante de Ingeniería Civil en la Casa Central de la USM, y tuve la fortuna de recibir la Beca Alumni de Arancel. En un momento en que la carga económica se hacía difícil de sobrellevar, esta ayuda fue un gran alivio y un gesto que me llenó de ánimo. Gracias a la beca, pude cubrir parte de mi deuda con la universidad y seguir adelante con mis estudios.
Más allá del apoyo financiero, significó algo mucho más profundo: sentir que no estaba solo, que la comunidad de exalumnos y exalumnas sigue presente, acompañándonos desde su propia experiencia a quienes hoy recorremos los mismos pasillos.
El principal beneficio fue que pude dedicar más tiempo a la investigación, en lugar de tener que trabajar, y además el dinero que generaba de forma paralela pude invertirlo en mi familia y amistades.
Esta experiencia me hizo ver el enorme impacto que puede tener un aporte, por pequeño que parezca. Cada donación realmente se transforma en una oportunidad para quienes necesitamos apoyo para continuar nuestros estudios. A veces, ese impulso es lo que marca la diferencia entre abandonar o seguir adelante.