Las donaciones se destinaron a financiar pasajes aéreos a Salvador, Brasil, alojamiento durante el evento (15-21 de julio 2025), traslado de equipamiento robótico, fabricación de robots adicionales de repuesto para garantizar participación completa durante los partidos, y desarrollo de software propietario para optimizar el desempeño competitivo del equipo.
Aproximadamente 20 estudiantes de diferentes ingenierías trabajan organizados en cinco áreas especializadas: hardware, mecánica, firmware (programación de microcontroladores), software y gestión. Juntos han desarrollado un sistema robótico propio con innovaciones significativas que presentarán durante la competencia.
El equipo competirá en la Small Size League (SSL) con seis robots de pequeño tamaño, más unidades de repuesto para reemplazos durante los partidos. Esta será su tercera participación en la RoboCup, tras sus experiencias en Canadá (2018) y Francia (2023), consolidándose como los únicos representantes chilenos en esta disciplina.
La RoboCup no solo es una competencia, sino un espacio de intercambio de conocimiento donde miles de investigadores y estudiantes comparten avances en robótica autónoma. El objetivo a largo plazo del evento es ambicioso: desarrollar robots humanoides capaces de vencer al equipo campeón de la Copa Mundial de Fútbol humana para el año 2050.